Respirar y centrarse
Recuerdo una tarde especialmente caótica. El desorden reinaba en casa, y yo, con mil cosas en la cabeza, no podía encontrar la calma. Mi hija menor había dejado sus juguetes esparcidos por el suelo y mi hija mayor se negaba a hacer la tarea. Sentí la presión en mi interior acumulándose cada vez más, hasta que exploté con un grito que silenció toda la casa. El miedo en los ojos de mis hijas fue un espejo doloroso de mi propia frustración.
Sin embargo, todo cambió cuando comencé a respirar y centrarme en una sola cosa que debía hacer, abandonando otros quehaceres. Empecé a meditar, a respirar profundamente en ese momento de tensión y a priorizar lo que realmente importaba. La ira y el estrés se fueron disipando. Más aliviado, reaccionaba de manera más tranquila y razonable. Me di cuenta de que los gritos apagan la comunicación, rompen los vínculos y hacen que las personas se separen en lugar de acercarse.
Días después mi hija mayor me abrazó y me dijo: «Gracias por no gritar». Fue entonces cuando comprendí el poder del cambio. Nunca es tarde para respirar y centrarse. Los niños perdonan, especialmente si ven que la persona que aman trata de cambiar.
FUENTE: TACO CORAZÓN DE JESÚS.
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