Los exámenes (parte II)
El momento previo
-
Sé puntual y llega al examen tranquilo y descansado; prepara todo lo necesario con esmero.
-
No te atormentes con repasos compulsivos de última hora, no producen más que nerviosismo. No intentes comprobar si recuerdas todos los temas. Antes del examen tu mente está en tensión, ya no puedes reforzar tu memoria, así que concéntrate en lo que vas a hacer.
-
Procura no hablar de la prueba y de su contenido con tus compañeros de examen. Si ellos están muy nerviosos, esa actitud se contagia. Es lógico y normal que, en los momentos previos inmediatos al examen, cuando ya estás en el aula con los compañeros, tengas cierta ansiedad y nerviosismo. Hasta puede ser algo positivo que te ayude a reaccionar y te estimule positivamente.
-
Por el contrario, una ansiedad fuerte puede ser un indicador del miedo al fracaso que aparece cuando no se han preparado bien los exámenes.
-
Evita los sentimientos negativos y sustitúyelos por otros positivos como: «ya he pasado antes por situaciones parecidas y ha salido bien» o «me he preparado lo suficiente, ya he hecho todo lo que se podía hacer hasta aquí».
-
En estos momentos es importante que te serenes, practica técnicas de respiración y relajación: respira hondo, cierra los ojos...
-
También es un buen momento para concentrarte rezando para pedir la serenidad y el acierto en las respuestas, para encomendarte a Dios y darle gracias por las oportunidades que te ofrece cada día.
EN EL EXAMEN
Recibido el examen, si es escrito, conviene que tengas en cuenta estas advertencias, que no por repetidas son ya sabidas o sobran:
-
Pon la máxima atención a las orientaciones que da el profesor para hacer el examen. No estés pendiente de si sabes o no sabes alguna pregunta, de si has acertado en lo que iba a caer o de la reacción de los compañeros.
-
Lee con atención las instrucciones para hacer el examen y todas las preguntas. Antes de comenzar a contestarlas debes tener una visión global del examen.
-
No te desanimes si a primera vista el examen te parece difícil, ni seas derrotista pensando que no sabes tal pregunta, que no vas a responder correctamente o que estás en blanco. No siempre la primera impresión es la mejor, y es muy posible que cuando te pongas a responder sepas más de lo que calculas al principio.
-
Tienes un montón de conocimientos acumulados sin organizar. A medida que vayas analizando el examen los irás estructurando poco a poco. Mantén la calma y recuerda que tu memoria funciona de forma asociativa. La primera idea clave que recuerdes provocará la llegada en cascada de una idea tras otra. Así podrás asociar datos y conocimientos para hacer un examen brillante.
-
Distribuye el tiempo de que dispongas y comienza a responder por las preguntas que mejor sepas para asegurar el aprobado, después continúa con las restantes con mayor tranquilidad.
-
Antes de contestar, asegúrate de que has entendido con exactitud lo que se pregunta. Si algo no te queda claro, consulta al profesor sin molestar a los demás compañeros.
-
Responde con exactitud a lo que se pregunta, ni a más ni a menos; no te enrolles y vuelvas a decir lo mismo varias veces, no te servirá para puntuar más en esa pregunta y causarás una pobre impresión en quien corrija el examen.
-
En las preguntas tipo test y pruebas objetivas, fíjate bien en los detalles y matices, pues exigen respuestas muy precisas. En las que piden desarrollo, hazte primero un esquema mental o, si te lo permiten, escrito en un folio aparte, antes de comenzar a redactar.
-
Escribe con buena letra, con orden y limpieza; subrayando palabras importantes y procurando que quien vea tu examen pueda exclamar: «Da gusto, qué bien presentado, se puede corregir casi sin leerlo». No te olvides de dejar márgenes en la hoja y de poner tu nombre y apellidos con claridad.
-
Esmérate en la ortografía. Este es uno de los mayores obstáculos para una buena nota. Cuida los detalles, las tildes... Si dudas de una palabra, sustitúyela por un sinónimo u otra expresión.
-
Redacta bien. Es penoso ver algunos exámenes. Están llenos de muletillas, de reiteraciones de las mismas expresiones una y otra vez. No repitas toda la pregunta para dar la respuesta. Piensa que quien corrige se inclinará a puntuarte más si encuentra un escrito bien hecho, con cierto estilo, en medio de tanta mediocridad literaria como tiene que soportar.
-
No copies, ni de otros ni de «chuletas»; actúa con honradez y céntrate en lo tuyo y no intentes engañar al profesor o a ti. No suele traer buenas consecuencias ni a la larga ni a la corta; amén de que no merece que te desprestigies ante ti y ante los demás. Si algo ha fallado en el examen, hay que saber perder y encajar las derrotas.
-
Repasa todo antes de entregar. No tengas prisa, agota todo el tiempo que te den, que no vas a tener mejor nota si terminas antes. Repasa la ortografía, puntuación, los conceptos... Si encuentras algo que debes corregir, no hagas tachaduras sucias; utiliza notas a pie de página y emplea los márgenes inferiores.
DESPUÉS DEL EXAMEN
Concluido el examen, es inevitable mirar los apuntes o el libro para ver si se ha acertado o no en las respuestas. Que no te sirva para desanimarte. Si has seguido las orientaciones anteriores, seguro que no te ha ido tan mal. Así que relájate y piensa que tú ya has puesto de tu parte todo lo posible.
Si no te van a devolver corregido el examen para que te quedes con él, es interesante que copies las preguntas en un cuaderno antes de que se te olviden. Te pueden ser útiles para repasar, para tener pistas en la preparación de otros exámenes o para la recuperación, si fuera el caso.
Si el examen se corrige en clase, anota también las respuestas de forma esquemática. Y si te lo han entregado para que te quedes con él y lo tienes delante, anota los fallos y corrige los errores escribiendo lo correcto en el margen.
Si el examen te ha salido notablemente mal, estaría bien que lo rehicieras como ejercicio de estudio o repaso; es una forma de recuperación que te puede dar experiencia y ánimo de cara a futuras pruebas.
En cualquier caso, lo hayas hecho bien o mal, guarda el examen; no lo tires. Será una fuente de información para futuras pruebas con el mismo profesor. Tiempo habrá a final de curso para hacer limpieza general y tirar papeles.
Algunos estudiantes hacen gala de su falta de control rompiendo el examen o arrojándolo a la papelera apenas han mirado la nota. No olvides que el examen es un medio para aprender y no un fin en sí mismo; por tanto, no pierdas la oportunidad de ser una persona equilibrada, capaz de superar el fracaso o de encajar el éxito sin aspavientos.
FUENTE: LIBRO TÉCNICAS DE ESTUDIO PARA ADOLESCENTES DE ANTONIO GONZÁLEZ
Education - This is a contributing Drupal Theme
Design by
WeebPal.